martes, 17 de noviembre de 2015

¿Como estás?

- Hola, ¿como estas?
- Y...  Estar estoy bien, pero se me complicó un poco el tema de Clari, la chica de Río Gallegos ¿te acordas? Es que un día estábamos planeando en que lugares íbamos a parar cuando hiciéramos el viaje por la ruta 40, estábamos armando programas para cuando estuviera acá, soñando un año nuevo distinto e imaginándonos los papelones de presentaciones familiares y cargadas... al otro día una carta empuja a la otra y el castillo se cae.
Y la extraño. ¿Y sabes como me di cuenta? Porque le quiero contar cosas que me pasan, aunque sean pavadas. Quiero compartir, y seguir gustando de nosotros. Quiero hacerle un montón de preguntas.
Yo se que no es para hacer un show, pero bueno.
¿Y sabes que mas? Me da bronca que no se pueda, quier..
- Flaco, para para... callate un segundo
- ¿Que?
- Bajate de mi taxi, estas loco. Fue una pregunta retorica, no hacia falta que me cuentes todo eso. Dame la bajada de bandera y bajate, no te voy a llevar.


.................

viernes, 16 de agosto de 2013

Cat fight

“Simón vino a este mundo para traer alegría y luz a nuestro hogar”… podría ser la frase si Simón no fuera un gato, si no fuera de una de mis hermanas, si no viviéramos en un departamento, si no odiara a los gatos y si no tuviéramos que soportar el natural “celo” del animal… y no me refiero exactamente a planteos existenciales de la señorita Duquesa al distinguido Tomás O'Malley en aristogatos, sino a celo de esos trastornos hormonales que indican que el animal en cuestión está listo para engendrar nuevos mutantes que traerán a su vez descendencia fértil y nos invadirán. Ya lo decía el señor metalero en alguna provincia del interior:
Cuestión que anoche, todo parecía un jueves normal en una semana cualquiera. Volví de la facultad, la comida estaba dispuesta en la mesa, faltaba un día para el fin de semana largo y mi horóscopo en lanacion.com vaticinaba un prometedor futuro inmediato sumando, de esta manera, un acierto más en la redacción de mi vida. Como la semana anterior: “amor: pequeños conflictos anteceden a románticas reconciliaciones”, ¡no podía ser! estos señores escriben para mí; en seguida me acorde que días atrás había tirado por error la cera de depilar de mi pareja al tacho de basura (pequeño conflicto)  luego le pedí perdón y le compré un tarro nuevo (romántica reconciliación). Sentí que había una cámara oculta en mi casa, big brother, esas cosas…
Cuando termine de comer, me dispuse a derrumbarme en un sillón a disfrutar de un puro,  polvo para estornudar y mi copita de brandy. Mientras acariciaba y peinaba mis bigotes, aprovechaba  para practicar mi risa social… y fue en la primera convulsión de esa sínica carcajada cuando sentí que mis pantalones se mojaban. Sentí la sangre en mis mejillas, pues pensé en una propia desgracia, y fue una vergonzosa confusión hasta que vi que el líquido provenía de una bolsa ubicada a unos centímetros de mi pierna. El gato había estado ahí, y esa sangre de la cara subió a mi cabeza y mis pensamientos no eran racionales, pues los deseos de imperiosa muerte eran más fuertes que cualquier otra cosa.
Hecho un katrina de chanes, fui rumbo al cuarto de mi hermana para hacer el reclamo pertinente, y frente a las preguntas de mi madre, mediadora ella, que insistía con el cuestionario ante semejante alboroto, le respondí cariñosamente que “el gato me meo los pantalones, gato de mierda”.
Entré a mi cuarto haciendo caso omiso al picaporte, y me cambié de pantalón. Mientras acomodaba el resto de la ropa, mi nariz percibió un olor acido, y fue mi mano la que confirmó, gracias  al sentido del tacto, el grado de humedad de mi colchón, de mis sabanas, de mi colcha, del resto de la ropa que había allí. Me sentí morir. Si antes quería matarlo, ahora lo quería vivo, torturarlo, llevarlo a un curso de expresión para gatos y, cuando egresara, meterlo en una batea de agua y dejarlo sin respirar para levantarlo de los pelos de la nuca segundos más tardes y que dijera con voz ahogada y ojos de “gatito de shrek” la frase más esperada… -perdón Fede, no lo voy a hacer más, me zarpe boloh… llegue medio eskabio y flashe otra. Vos sabes cómo es la birra. Mala mía. Sorry men.
Con las fuerzas que me quedaban después de pensar tantas cosas sin sentido, tiré toda la ropa al pasillo, al grito indígena de “me meo la cama y la ropa, gato de mierda”
Fui a dar una vuelta para respirar aire  fresco, oxigenar la sangre, contar hasta diez, hacer una conference call con ravi sri sri que estaba tomando el té con buda (diferencia de horario con china  por eso el té), quien también aporto sus humildes consejos a la situación.
Volví y le pedí perdón a mi hermana por mis exabruptos,  sin promesa de mejora en próximas ocasiones similares, pero con la firme intención de no ser un loco desquiciado que solo toma brandy y estornuda.
Ella puso la ropa a lavar, yo ordené el cuarto. Reinaba la paz. Triunfó la hermandad.
Me fui a acostar a la cama de Nacho, que estaba de viaje. Metí un pie. Otro.
Me tape con la sabana, levanté la colcha del piso… y me tape hasta la nariz literalmente pues agosto tiene esos días frescos todavía. Y mis labios se humedecieron. Pero no era mi saliva el producto ni mi lengua el medio… era la manta, y el pis. Y me levanté muy calmo, saque todo, lo puse a lavar, me lave la cara y las manos, puse una sabana nueva, tire lisoform® (siempre haciendo la pregunta de por qué no avanzan en su investigación aprovechando que van por la eliminación del 99,9% de los gérmenes… ¿mira si ese 0,1 es el que quedó en mi cama?) y cerré los ojos pensando “meo la cama de nacho también… gato de mierda”.

jueves, 4 de abril de 2013

Vientos pamperos

La conversación que estaba teniendo con Carola se perdió en el murmullo de las burbujas provocadas por el nuevo jacuzzi para diez personas instalado en el jardín de la casa en la que vivía con su marido, el gran magnate “mesié” Philippe.
Mis días eran perfectos en Uruguay, y mi máxima preocupación era que los tres cubitos de hielo aguantaran unos minutos más en mi vaso de coca light.
Los duendes mantenían el tanque lleno de la camioneta, y la heladera ofrecía manjares con cada nueva búsqueda.
En esa parrilla ardían las brazas de leña y una pata de cordero absorbía todo el calor que pasaba por ahí.
Ella me esperaba en el sillón del living y cuando las miradas se cruzaban se materializaba en el aire la expresión viva del amor eterno.
El cajero me daba pesos uruguayos que convertiría un rato después en dólares verdes contantes y sonantes...
PERO:
Pero desde que puse un pie en Buenos Aires, el castillo de cartas fue atacado por una suerte de viento pampero.
El taxista que me llevo desde el puerto hasta mi casa fue muy amable y se soñaba como futuro dueño de una Ford f-100 para pisar a motociclistas, ciclistas y peatones. Decidí, en consecuencia, dejarle mi celular en el asiento de atrás para ayudar con su empresa.
Mi tarjeta de crédito quedo en un cajero atrapada; realmente sigo sin poder que en pleno auge tecnológico, una máquina electrónica se equivoque 3 veces en leer bien mi clave de cuatro digitos. Aunque el problema no fue eso, sino darme vuelta y enfrentar a una fila de 12 personas sedientas de dinero.
Eso no fue nada, porque aún me quedaba mi tarjeta de debito, que ayer use la para sacar plata. Cuando ya tenía el billete en mis manos, decidí dejar el plástico ahí reposando.
Cuando llegue esta mañana al trabajo me informaron que mi área no existe más, y que el líder de la misma, quien fuera mi mentor profesional, dejaba su cargo. No por motu proprio.
Quizás te acepte un whisky hoy después de la facultad, yo invito.

martes, 5 de febrero de 2013

Me han dicho que he dicho un dicho

No por mucho madrugar amanece más temprano, me dijo papá cuando me levante, sorprendido de verme a esa hora.
A quien madruga, Dios le ayuda. Además… en boca cerrada no entran moscas, le contesté mientras buscaba el frasco de café.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo, respondió asertivo,  y se fue a trabajar a la planta embotelladora, dejándome con la palabra en la boca.
Yo entiendo que quien te quiere bien te hará llorar, pero siento que es muy estricto. Habla como si supiera todo.

Me fui caminando al colegio de mal humor, pensando que no hay rosas sin espinas, pero mejor malo conocido que bueno por conocer.
La primera hora de literatura fue para el olvido. Mientras la profesora me entregaba la nota del examen rendido la tarde anterior, murmuraba quien siembra vientos, recoge tempestades.
Giré la cabeza y lo vi a Gonzalez con su sonrisa burlona pintada, otra vez había zafado, pero yo sabía que se había copiado.  Garabateó algo en su cuaderno y lo levanto de forma tal que solo yo lo viera: “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”.  Quería levantarme de mi lugar y pegarle. ¡Qué deshonesto!, aunque en el fondo tenía algo de razón, pues yo no había hecho merito para aprobar. No iba a gastar pólvora en chimango.
A modo de consuelo me recordé que Dios aprieta pero no ahorca, y salí al recreo a tomar un poco de aire.  Solo faltaban dos semanas para el final de clases y muerto el perro, se acabó la rabia.

lunes, 19 de noviembre de 2012

El lunes

Todo comenzó a las nueve de la mañana:
me levanté muy contenta para ir al médico a hacerme el chequeo que pide la UBA. Me habían dado turno para las once así que, para salir con tiempo, me tomé el 109 a las diez.
- Hola señor chofer, hasta Warner y X?
- 1.20

Pasó una hora de viaje y nunca llegamos a la dirección por lo que le dije al señor chofer:
- Disculpe señor chofer, cuando llegamos a Warner?
- No pasamos por Warner, bajate acá y tomate el 109 para el otro lado
- Bomba
Me fui para el otro lado y después de un recorrido no especificado en la guía t (porque JUSTO esa parte se salía de la hoja y no seguía en ninguna otra), me bajé a ocho cuadras del médico. A todo esto ya eran casi las doce y yo estaba con doce horas de ayuno.
Llegué.


Oftalmólogo:
- leé de la F para abajo
- ... -
- F, J..
- g...no, pará, z... g!!!!
- a?

Dentista:
- dientes apiñados. Necesita ortodoncia

Señora de recepción:
- muy bien, volvé en dos semanas y te hacemos el psicológico

Salgo, me tomo el 106 hasta casa y con mis últimos 10 pesos voy al chino
- Hola Señor Pelirrojo que agarra la carne con la misma mano con la que agarra la plata, me da una milanesa de carne, por favor?
- si, como no

Llego a casa y... la cocina destruida, el horno y la mesada al lado de la heladera y el plomero diciendo que "el señor" le dijo que no iba a cocinar nadie, que trabajara tranquilo.
"Impresionante señor!!!"

Partí con mi milanesa, un huevo envuelto en diario y el paquete abierto de arroz gallo para lo de Eugenia. Corté mi milanesa en dos y... era de pollo.

Buen lunes para todos!!!!!!

viernes, 9 de noviembre de 2012

Mala suerte!

En el almuerzo le di el salero en la mano haciendo caso omiso a su cara de pánico. Salí dejando la puerta de casa sin llaves y camine unas cuadras sin rumbo fijo. Fingí una repentina sordera frente a los maullidos desconsolados de ese gato negro que segundos antes se había cruzado en mi camino; casi herré la patada, pero lo alcancé en un rapto de lucidez física, pasando por debajo de la escalera
 que usaba un arreglasemaforos municipal.
Crucé Libertador con luz verde, distraído, mandando mensajes con mi celular último modelo: el 130 me estaba esperando. Le pedí un boleto de $1,10 y me senté en el lugar reservado para discapacitados que esa amable viejecita me estaba cediendo. Le pedí a su marido, octogenario también, que me dejara poner mi mochila en su asiento. Accedió sin titubear.
Una voz ronca me despertó. El colectivero me avisaba que habíamos llegado a mi parada. Le pedí dormir 5 minutos más, pero solo me dejo 4 por la creciente impaciencia que manifestaron los otros pasajeros.
Me bajé por la puerta de adelante y me fui silbando bajito un tango que había escuchado de mi abuelo.
Antes de entrar a la facultad, vi un billete tirado. Me agache a levantarlo y era uno de $50.
No puede evitar pensar en mi mala suerte… hay gente que se encuentra de $100. Pero era viernes, tampoco me iba a andar quejando.

martes, 18 de septiembre de 2012

Te amo futbolísticamente

12 minutos del primer tiempo marcaba el reloj y ya perdíamos 3 a 0.
Se venía la goleada mundial. La humillación. Pero supimos mantenerlo ahí hasta que al final del primer tiempo el 9 nuestro metió un gol y nos fuimos al descanso 3 a 1 abajo.

Arrancó el segundo tiempo y a los pocos minutos metí un gran gol de cabeza q grite con el alma, porque sabía que se les venía la noche a ellos ahora. 3 a 2 y muchos minutos por delante.

A los 15 minutos de esto, metí otro a pura guapeada saltándole al arquero a cabecear cuando intentaba agarrarla, la pelota quedo ahí picando en la línea, el arquero vencido, y yo tirado en el piso. Pero como una arañita me las ingenié para moverme por el piso hasta el balón q picaba solo y libre a metro y medio. La empuje, y 3 a 3. Festejo, grito, quilombo. Aunque el capitán insistía, VAMOS MATIS, VAMO Q EL EMPATE NO NOS SIRVE, teniendo este mucha razón.

A la media hora de partido, el 7 nuestro mete otro gol, el 4 a 3, y quilombo. Festejo, montonera, risas, abrazos, futbol. Y ahí es cuando uno se da cuenta q nada está perdido, jamás. Pero quedaban 10 minutos de partido...

A los 3 minutos de todo esto, quedamos mal parados, no rechazamos una pelota parada y por atrás entra uno de ellos, solo. Solisimo. y sella el 4 a 4.

Sellar es una forma de decir. porque no estaba terminado. A 5 del final, pelota parada para mantis. Tiran un centro bastante malo que pica en la medialuna del área. pero yo me di cuenta q no venía bien, entonces retrocedí a buscar la bocha. Cuando la pelota pico envenenada e intente frenarla, lo que paso fue q se me levanto más aun. Y quedo ahí, en ese lugar donde los nobles y valientes siempre quieren que les quede. Ese lugar, era arriba de mi cabeza. No me quedo otra que improvisar una chilena espectacular, poner el 5 a 4 final y gritarlo como nunca en mi vida.

Hat trick, chilena, cabeza, guapeada, 5 a 4, quilombo, vida, futbol.

*Homenaje a mi ídolo del futbol amateur.

jueves, 5 de julio de 2012

En mi colectivo no se roba

El tiempo paso, y perfeccioné mi técnica luego de un sinfín de aventuras desde aquella primera vez en la que, no sin cierta timidez y vergüenza, increpé a un amigo de lo ajeno para que soltara una billetera sin recibir más que miradas indiferentes a cambio.
Tengo un talento que uso en beneficio de la humanidad, para que las personas que viajen conmigo se sientan tranquilas y seguras, y puedan jugar con sus hijos entre los asientos con tierra de la línea 152 o 62 y puedan dejar sus mochilitas en los pasillos sin temor a ser víctimas de un robo calificado.
Vivir con un fantasma en la nuca, perseguido cuando sacas el Ipod tuch vigésima generación para pasar al siguiente tema musical, contar dólares conseguidos a cambio oficial  obtenidos de la venta de tu casa de fin de semana, o dormir una siesta no son más problemas si yo, Fede, le pido al chofer un pasaje de $1,20 y me ubico cerca de la puerta del medio, para controlar el flujo de personas.
¿Qué poder es ese? Se preguntará algún lector ocasional que llegue a estas líneas.
El poder de identificar, reducir, hacer confesar y expulsar a los malhechores, carteristas y arrebatadores de las líneas de transporte.
El poder es solamente una alarma interna que me permite identificar al sospechoso.
Esto me trajo muchos problemas, pues las primeras veces, increpaba al susodicho sin haber antes corroborado la identidad, antecedentes ni ocultas intenciones. La gente empezó a sospechar que yo estaba loco, que tenia conductas violentas injustificadas y tomaban inmediatamente distancia. Lo solucioné esperando un poco más de tiempo. Le di lugar al maleante para que concrete la acción y yo reacciono en consecuencia.
Me tome el 152 en Córdoba y Alem a las 13:20 para ir a una escribanía de Santa Fe al 1400 a firmar un papel. Lo vi en el medio del colectivo. Masculino, 45 años, rasgos del altiplano, mirada curiosa, andar inquieto. Pasaron 7 cuadras, y llegando a Retiro, realizó un movimiento sospechoso. Tocó el timbre. Y cuando se estaba por bajar lo vi. Algo blanco en su mano. Un celular. Cualquier amateur podría decirme que “quien no tiene un celular si las estadísticas muestran una penetración de telefonía móvil de 1,3 equipos por persona en Argentina”. Pero para los ojos de un científico calificado del robo de poca monta algo andaba mal. Se abrió la puerta, y un segundo más tarde los dos estábamos trenzados en una lucha cuerpo a cuerpo en el cordón de la vereda. El aparato blanco yacía en el piso luego de la caída; la tapa por el otro.
Me pude incorporar, lo levante (al aparato) (al electrónico), y pregunté a viva voz: “¿a alguien le falta su celular?” “A mí no” “ A mí tampoco”. Un frio me recorrió la espalda. Nuevamente mi postura justiciera se ponía en jaque. ¿Y si el acusado era el verdadero dueño? Por suerte, unos segundos más tarde, una ansiosa voz reclamaba su pertenencia.
Mientras el delincuente se alejaba, volví a subir por la puerta del medio, para encontrarme con un cálido aplauso de recompensa, algunas palmadas en la espalda, y tres insistentes ofertas de tomar algún asiento (que tan en alza cotizan en horas pico).

El debate no tardó en instalarse. ¿Vale la pena correr el riesgo o mejor hacerse el sota y que cada uno se cuide?

Mi postura es clara: En mi colectivo no se roba.

viernes, 15 de junio de 2012

Contestación de demanda


El domingo empezó por demás temprano, pero te voy contar lo que pasó recién
después de la siesta de reconocimiento que tomamos una vez instalados.
Sirvió para juntar fuerzas y recuperar energía del viaje, uno lleno de
cosas nuevas, otras viejas y de esas charlas que tienen los amigos que no
se ven tanto como quisieran.
Tumulto de gente y un estacionamiento improvisado sobre una cancha de
fútbol: - Frená boludo! - Paró el auto y ahi estabamos nosotros, los
bomberos, la policía y todo aquel otro personaje de Trinidad que no hubiese
preferido dormir la siesta. Arriba del escenario; un payador, dos copleros
y un relator que a mi parecer estaba excedido de vino tinto y sin embargo
traducía con lujo de detalles lo que sucedía delante suyo. Tres palenques y
un sinfín de potros. Era una doma de barrio.

Se hacía de noche y mientras se cocía la carne esperamos en ronda,
respetando religiosamente los turnos que impone el cebador, escuchamos y
contamos historias de muchos colores, pero todas reales. Sin dudas el
premio se lo llevó Tato, joven paisano oriundo de Treinta y Tres y padre
primerizo, explicó como hay a veces ahy caballos que en verdad son sombras,
probablemente malas, que no se dejan ensillar y galopan a la par de los
temerarios andan de noche de un lugar a otro. Nos advirtió también de esos
niños de catorce años que asustaron una vez a su tío, viejo zorro, y que
hoy en día siguen asustando al ganado mientras jocosamente recorren los
campos de noche. Te repito, todas historias reales que sucedían cerca, ahí
nomás de donde estabamos sentados, por culpa de las cuales a más de uno le
hubiese costado dormir horas mas tarde. Ya estaba oscuro. Comimos sin más
techo que el cielo y debatimos violentamente sobre si esa estrella entre
todas las demás era Marte o Saturno, la unica que no opinó fué Rosaura, que
estaba más preocupada por que su hijo de dos años no se manchara que por
escuchar presunciones astrologicas de gente que sabe poco y nada al
respecto.

La mañana siguiente se fué cambiando novillos de potrero y jugando a
apartar, solo quedó tiempo para poner en marcha, de manera muy ingeniosa el
Unimog y para salir a cazar. Para que sepas hablo de un vehiculo militar,
cruza perfecta que solo sería posible si se enamoraran un camión y un jeep.
Las armas habían sido elegidas desde temprano y esa escopeta que esperaba
en el rincón se transformó rapidamente en parte de mi cuerpo. Suena a
exageración, ya lo sé, pero es tan así que hoy en día puedo decir que matar
dos pajaros de un tiro ya no forma parte de la lista de cosas por hacer.

Si llegaste hasta acá taaanto no debo haberte aburrido, pero ojo que esto
no es un cuento. es una carta, como esas que se mandaban antes y viajaban
en barco, cuando hablar por telefono era una aventura y había muchas cosas
que contar.
Lamento que no nos hayamos podido despedir el Sábado.

Wence

martes, 22 de mayo de 2012

Lo dijo.

"che, sabés si hay sociedad? porque pensamiento no tengo..." (un compañero del CBC a otro)

Lu Harrington

lunes, 21 de mayo de 2012

¿Como se lo digo?



Querida madre,

Uno de tus peores temores se está por cumplir. Me voy a comprar una moto.
Ayer me la entregaron. Mañana voy a elegir el color. Estoy ahorrando, y cuando junte lo que me falta, voy al concesionario y que no se hable más. Toma mi plata. Dame la moto.
No quiero que te asustes, no estoy andando muy rápido. No se manejar, pero es cuestión de tiempo aprender.
Ayer llovía bastante. Si la hubiera tenido me hubiera dado miedo. Por suerte a la tarde paró y fui a probar los frenos, calcular distancias y hacerle el primer Service.
La garantía incluía el de los 1000 km, por suerte. Después me entere de lo que costaba.
Sé que te prometí que solo era para la facultad. A Pilar no voy a ir nunca en la moto, fue un pacto que hicimos antes de que esté en nuestro garaje. Solo por la ciudad. Siempre con casco.
Al hijo de Pappo se le fue la moto porque habrá estado borracho. Yo soy distinto. La vuelta por panamericana el fin de semana pasado fue lenta, nunca me cruce del carril lento. El peaje es mas barato, es otra ventaja.
Pero es ahora mamá, ahora que tengo veintipico, ¿vos nunca tuviste una moto acaso? A mí me encantaría. Aunque sea sacarme las ganas.
Buenos Aires – Mar del Plata.
La cilindrada es 125cc, no sé si entendes mucho de tamaños, no es tanto. Imaginate que una vez vi una de 1100cc, impresionante.
¿Qué me recomendas? Te pregunto ahora porque vos sufrís por estas cosas. No quiero que te sientas mal, quiero que puedas opinar vos también sobre esta elección. No es una decisión fácil, porque no solo implica un esfuerzo económico, sino que es un riesgo. Pero cuando vayamos mi moto y yo, yo y mi moto, generando esa “conexión”… esta mañana viniendo al trabajo me pasó. Fue saliendo de un semáforo en libertador, picando en punta.
Creo que la voy a pedir negra, o azul oscuro.

Tu hijo.

viernes, 13 de enero de 2012

valoración cuantitativa

ella 2 puntos, bikini 3 puntos, el sol 2 puntos, el arena 1 punto, el asado 1 punto, la falta de estrés 1 punto.

y asi, en las vacaciones, las chicas son un 10

El color de los lunes

Esta mañana no andaba el subte verde. Tuve que tomar el colectivo  amarillo que va por Pueyrredon que me dejaba en una calle por la que pasaba el subte rojo. Me subí con todos los negros para salir al rato y ver este cielo gris con algunos pocos pedacitos celestes.
- Entrega el marrón! – le grito un obrero de la obra de Bouchard y Lavalle a una chica que caminaba al lado mío.
Tenía unos ojazos verdes, pero se notaba que la pobre era tan blanca que por mas sol que tomara, siempre se iba a poner rosa en vez de dorada. Igual el grito la hizo ruborizar un poco.


martes, 27 de diciembre de 2011

Ese Esa Eso

la mire arriba mío en el asiento del acompañante de su auto en la puerta de algún edificio con el portero como testigo de semejante acto de calentura desmedida mientras sonaba paradójicamente hot stuff de los Rolling Stones y le dije que la adoro, que me parecía la mas linda del mundo; y no le miento, en ESE momento con ESA persona me paso ESO. que me diga chamullero mentiroso que no me importa mientras la vuelvo a mirar y le repito que es lo mejor que me paso en la vida. porque en ese instante, lo es.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Aparente Sinsentido # 1

N.del A : Cortesía de Wence Caceres para el blog y su espiritu aventurero.

-Ya tengo pasaje para el veintiocho, repetí 25 veces en lo que va de la semana, 26 si contamos la primera.

Hoy quiero compartir un relato de esperanza, y me dispongo a hacerlo en ocasión del aniversario de la ya mítica caravana que une la calle Cerrito con Solanas ininterrumpidamente desde mil novecientos noventa y siete. Dos niños, una pareja y un Subaru marcaron la senda de lo que al día de la fecha, en mucho se parecería a una mudanza.

Y es de esperanza porque lo canto con entusiasmo, pero sobretodo con la certeza que me otorga la juventud. Seguridad de saber que el camino es largo, y que cientos de aventuras esperan ser vividas, vivencias cuales fénix que podrán reencarnar en anécdotas alguna noche de campo que está al caer.
Muy distinto sería el orden de las palabras si las estuviese escribiendo de aquí a cincuenta años, porque los viejos tienen otra forma de contar las cosas y consecuentemente verá, quien analice el tema tanto como yo lo hice esta mañana, tienen otra forma de encarar los viajes. La senectud baña los recuerdos de añoranza, el saber que el tiempo pasado fue mejor y que la vuelta atrás no es una opción condicionan su alma y su forma de contar historias, claro.

Hoy les cuenta demás una historia de héroes. De un amor que fue héroe. -Y es que nacer en el momento oportuno no es poca cosa- digo yo -Como tampoco lo es nacer en el lugar indicado

¿Cuantos fracasos le podríamos atribuir a Aristóteles, el loco del pueblo? Que se desvive contando otro tipo de verdades en las plazas de Colonia Liebig, allá en el sur de Misiones. Incontables. ¿Y qué podríamos encontrar de grandeza en las palabras del Dr. Guevara? Aquel argentino que vive en Cuba, que canoso y achanchado se enfrenta a un sin fin de preguntas que un joven periodista le hace sobre el cambio climático. Seguramente nada.

Particularmente este nació (y murió) a pocas horas de aquí, allá en esa comunidad costera que de poco se entera durante el año. Yo la considero una pasión fiel a la de ese entonces, fiel si tenemos en cuenta la congruencia que mantuvo a lo largo de su existir, aclaro que apareció sin pedir permisos y sin dar explicaciones se fue.
Murió como los menos de los fuegos y las olas, que parecen tener una forma establecida de desaparecer. Murió con el egoísmo con que se van los guerreros que no han sabido esperar el paso del tiempo, joven y hermoso. Pero sobretodo héroe, como bien lo pudieron ser poetas o arquitectos de otros tiempos, como el aguacero que pone fin a una fogata en medio de la noche, pleno.

Y es que me hubiese gustado despedirlo con unos mates amargos en esa galería que tanto recuerdo y no nos alcanzo el tiempo ni para un cortado. Tal vez sea esta la razón por la cual lo llevo presente en la memoria, por ir perdiendo la confianza en el tiempo que ha de venir. Y porque casi sin querer me doy cuenta que no solo se trata de la forma en la cual llega, o vive, si no también importa la forma en que se va eso de lo que estamos hablando.

jueves, 27 de octubre de 2011

Pero la hice reír.

Hacia solo 213 días que estaba esperando las fechas del recital de Manu Chao en Rosario.
Las cadenas de mails con mis amigos eran un cotorreo incesante, la distribución de los autos para el viaje desde Capital Federal, las alternativas de campings, el sorteo para ver quien se ocupaba de preparar los sándwiches… todo contemplado, nada librado al azar.

El día finalmente llegó. 15 de noviembre. Martes. La euforia se desato para todos, pero no para mí. Los chicos sabían de mi trabajo, pero me alentaron igual a que pidiera el día libre. Las excusas eran un abanico: “decí que tenes una enfermedad terminal”, “contales la verdad, te van a entender”, “renuncia que después vemos que hacemos” “no sos vos, soy yo”

- Marcela, ¿te puedo hacer una pregunta? – Le dije con una sonrisa inocente a mi supervisora.
- Si, Federico (solo me decía Federico cuando estaba de mal humor)
- Eh.. –dubitativo. La suerte estaba echada, así que proseguí.  – Puedo faltar el martes 15 para ir al recital de un grupo de música que me gusta y toca en…

Pero no pude terminar la frase porque sus ojos se llenaron lentamente de lagrimas, y una sorda carcajada salió primero desde su garganta en forma muy ronca, moviendo las cuerdas vocales oxidadas por el desuso, luego retumbaron en la caja fonadora que armaba la cavidad bucal, para salir segundos después espásticas y libres al mundo exterior por unos extensos cuatro segundos.

Me dijo que no, pero la hice reír.

miércoles, 26 de octubre de 2011

130

Estaba yendo un mediodía a pedir un certificado médico (apto físico) para el trabajo, para poder participar del campeonato de futbol  que organizaba la empresa.
Me dispuse a esperar el 130 en el centro, para ir a una clínica que queda cerca del museo Malba.
-  “Hace diez minutos que no pasa” comento una de esas octogenarias señoras de la cola a la que nadie le pregunta nada pero sienten la necesidad de informar al resto.
Cuando llegó, después de otros minutos más, estaba lleno de gente.
De repente, cuando pase la máquina de boletos despues de haber depositado mi peso con veinte... lo vi. Ahí estaba con su cara de inmigrante, su traje a rayas, su  corbata fuera de temporada,  su sobretodo arriba del brazo y esa característica mirada atenta a movimientos de carteras y mochilas.
Pero había un problema. Contrario a todas las otras experiencias de esta índole que habia tenido, la persona en cuestion era demasiado grande, tipo patovica de boliche. Dice la frase: “el que pega primero pega dos veces”. Había que planear bien la estrategia, porque corría peligro mi integridad física.
Lentamente y con agiles movimientos camuflados en el constante traqueteo del colectivo, el hombre se acerco a su víctima. Trate de buscar a algún cómplice. Alguien que estuviera viendo la situación, pero me di cuenta de que estaba solo. Los ipods y blackberrys estaban haciendo de las suyas otra vez.
La víctima: una chica que tenía la mochila ADELANTE. Si, adelante, o sea que tener la mochila adelante hoy en día no es garantía de estar a salvo.
Puso su sobretodo arriba del bolsillo chico y empezó la maniobra de hurto.
En ese momento, y con miedo de que los latidos de mi corazón me delataran, me arrojé sobre el potencial ladrón. 84kg concentrados en un puño se estamparon en su ojo izquierdo. ¿El problema? Si veía que era YO el que le había pegado, un simple cálculo fisico-matematico le alcanzaría para darse cuenta de que contaba con ventaja física.
Cada vez que se quería dar vuelta para mirarme, le daba un nuevo golpe, esta vez en la parte posterior de la cabeza, intentando llevarlo hacia la puerta. Una chica colgada de mi brazo me rogaba que no mate al malhechor. Y yo tratando de explicar que estaba abriendo una mochila ajena.
Le pedí al chofer de buena manera que abriera la puerta. Paso un segundo que fue una eternidad. No quería que se diera vuelta y me viera. Le rogué al chofer de manera imperante que abriera la puerta. Finalmente le imploré con una nota en mi voz que mostraba nerviosismo, que por favor me abriera la puerta para sacar a esta persona del habitáculo. Y cuando la doble hoja central finalmente dejo espacio suficiente, el masculino de tez morena salió catapultado.
Giró, y me vio… miedo. Desafío de miradas. Miro alrededor, miro para abajo, vio un puñado de  piedras, las agarró y las quiso arrojar contra mí, atentando en realidad contra todos  los presentes.
Como si estuviéramos jugando al “quemado”, saltamos mitad para cada lado del colectivo. Yo me asomaba un poquito para gritarle “hijo de puta andate” y el amagaba con las piedras en la mano y volvíamos otra vez a los escondites. Hasta que se avivo el chofer, cerró la puerta y arrancó.
Algunas miradas se cruzaron, pero nadie dijo nada. No había nada que decir. Dos paradas mas adelante me baje, y me di cuenta de que estaba temblando. Me di vuelta para ver como se alejaba el 130, ya a salvo. Algunos curiosos me miraban por la ventana todavía.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Vaso a vaso

El miércoles era alentador, como cualquier mitad de semana en el mundo, en donde se llega al pico mas alto y solo quedan dos días para un viernes, que aunque sea de vacaciones tiene un sabor distinto.
La travesía por el bosque puso a prueba el espíritu aventurero de estos jóvenes que tenían que aguantar 9 horas con un desayuno a base de harina y chocolate, para llegar después de interminables caídas a lugares de cremosa y virgen nieve esperando paciente el suave desliz de las tablas que marcarían la primera huella camino a la base de la montaña para que todo volviera a empezar.
El merito del esfuerzo se reflejaba en un incomparable sentimiento que duraría unos escasos pero intensos segundos de satisfacción plena.
A la noche la joven pareja de novios y la madre del más feliz de los dos bajaron a la ciudad a  realizar trámites de vital importancia, dejando a Mati y a Fede en pampa y la vía sin comida, sin nada para tomar, sin instrucciones claras.  Isabeeeel!Abusando del libertinaje que caracteriza el siglo XXI  excluyendo el miedo a acusaciones, se dejaron de lado los prejuicios de homosexualidad y se puso en marcha el operativo “noche romántica”. La comida gourmet elegida para la velada fue finas rodajas de lomo y especies al horno con reducciones de patatas a la sal acompañada con infusión de uva mendocina, mal llamado por amateurs como “patys con puré cheff y un tinto”, una película con tres estrellas en la sección Espectáculos de Infobae.com y ador.
Lo que estos viriles personajes no tuvieron en cuenta fue la llegada de la dueña del establecimiento una hora antes de lo previsto, quien solo pudo emitir confusos balbuceos tales como “en mi época...” “que olor a paty la p... m…” “Matias limpia todo o dormís afuera..” “voten a Mauri..:”  por el estupor que le causó la situación.
El jueves prometía una agradable jornada llena de vida, deporte, salud y poca manteca porque nuevamente el señor Knoll la tenía acaparada adentro de un bolsillo de la campera.

A la noche, alegando un torneo regional de futbol de salón en la ciudad, Segundo abandonó a la comitiva en las garras de su madre, quien propuso una partida del juego argentino por excelencia, para mostrar que no negaba sus raíces, y la división de parejas “mujeres con mujeres” y “varones con varones” denotando el temor por las acusaciones de homofobia intentando dejar entrever que el shock de la noche anterior estaba superado.
El partido se juego sin “flor”, quince malas y quince buenas, en un reñido partido que obligo a los participantes a tomar desmedidas cantidades de alcohol para saciar la sed que provocaba la adrenalina. Los nervios jugaron malas pasadas, la dificultad para contar puntos en el envido desestabilizo la balanza y, como decía Gardel, “por una cabeza de un noble potrillo, que justo en la raya afloja al llegar (…)” la victoria por mínima diferencia, pero victoria al fin, fue para los varones.

La procesión de testosterona & Cia con algunos paquetes de lentejas y arroz de terceras marcas abajo del brazo, que luego se transformarían en una llave de acceso, emprendió la marcha al [único] local bailable del lugar.
Bajo el nombre de Mute, La Fontana volvía a cruzarse en la cabeza de los presentes, solo que con el termómetro al revés. Las inminentes incursiones a la barra generaron una relación informal entre barman y público, y una sola seña bastaba para pedir una nueva ronda de la bebida cordobesa para tres, y una cerveza sin alcohol para alguno más conservador.  

 
Declaraciones del encargado de seguridad el viernes a la madrugada:
- No me filmen loco, saca la cámara, sino no declaro.  Bueno, vinieron tres pibes, uno medio oscuro, otro ojitos lindos y uno rubio  muy blanco, y una minita, alto par de aros, una remerita que decía “huevos poshé”. El de ojos lindos y el blanco se fueron temprano, el morochito se quería ir pero la minita no lo dejaba, estaba como poseída. Le tuvimos que pedir por favor que se retire, que ya estábamos cerrando. A mí me dio vergüenza ajena. Pegamos una foto en la puerta para no dejarla entrar mas, un papelón.
- Muchas gracias Ricky
- No gracia a vo´.

lunes, 15 de agosto de 2011

Vice...

Los buenos viajes no siempre son los perfectamente organizados, sino los que tienen un buen rastro de espontaneidad, algo de adrenalina y una pizca de incertidumbre.
El viernes sonó el teléfono, y la informal invitación se transmitió en pocas palabras porque los minutos de aire de celular cotizan más que un doble cuarto a la madrugada.
En una esquina esperando el #viabariloche, los invitados polleras hermanos de la vida sin pupitre de por medio, Mati y Fede… en la otra esquina, pesando cada vez mas después de 7 tostadas en casa una de las comidas, los anfitriones Segundo, Susana y Sonia, mundialmente conocidos como “la triple S”.
La  incertidumbre financiera en marco de las elecciones primarias presidenciales no contemplaban riesgos económicos de gran calibre, y la opción fue coche cama el sábado, ni semi ni tutto, ni muerte por inanición ni gula, ni muy muy ni tan tan.
Después de 20 horas, dos recitales de Maná, una película con un perro como protagonista (¿desgravarán impuestos?) y tres cigarrillos en la cabina del conductor, Bariloche mostro todo su esplendor.  Las 10 de la mañana fue el horario de reunión del directorio visitante en la terminal de la turística ciudad del sur argentino para la toma de decisiones;  todavía no estaba muy claro que plaza albergaría a nuestros valientes viajeros.
Un par de llamados telefónicos y $105 de taxi pusieron a estos dos casi homeless en el cerro. Las alentadoras noticias hablaban de una sola noche en casa de extraños para una posterior mudanza a la residencia Denegri en forma permanente, previa aceptación de bases y condiciones.

El lunes se dio comienzo oficial a la temporada. La rutina se cumplía a rajatabla, los corazones atribuían su felicidad al medio litro de nesquik, a las tostadas con manteca y miel, a los scones y algún que otro manjar sorpresa.

Cansados esquiadores



La noche reunió a los cansados esquiadores a la vera de una mesa que ofrecía una confortante sopa de entrada y unos fideos con salsa de plato principal.
[La naturaleza humana supone que cada uno cumpla un rol determinado en distintos aspectos de la vida. Uno es de una forma en su casa, de otra con sus amigos, y de otra con su novia. De alguna manera, la convivencia permanente obliga a acortar esos límites,  cada uno se muestra como es, y se ve el funcionamiento individual y grupal, condicionados siempre (creencias personales) por algún factor externo intangible]
Matias es un chico con muchos hermanos varones, educado de manera conservadora. Por su condición de hijo numero 15, es que durante toda su vida se vio obligado a pelear por alimentos, y en el mencionado banquete saco a relucir las marcas de la vida. Cuando llego la humeante sopa, se sirvió la primera cucharada de queso rallado, y cuando los fideos estuvieron ante sus ojos, se sirvió la segunda y ultima cucharada, a sabiendas de que dejaba al resto del grupo sin la frutilla del postre pero con la satisfacción personal del deber cumplido, sentimiento que se vio expresado en el brillo de sus ojos mezcla de condescendencia y calculada frialdad.

El martes traía malas noticias pese al famoso refrán que reza “al que madruga, Dios lo ayuda”. Los medios estaban cerrados y las opciones se limitaban a tradicionales juegos de mesa.
El azar decidió que sea el pictionary® el bufón en vez de monopoly®. El orden natural dividió los grupos fácilmente y los dados hicieron el resto.
Diversas situaciones pusieron a prueba la apelación implícita a la honestidad que existe en este tipo de juegos de mesa, dibujos inentendibles adivinados en menos de siete segundos pusieron en jaque la credibilidad del anfitrión y dueño de casa, Segundo, quien juro sobre su vida y la de parte de su familia que los pensamientos se habían transmitido por osmosis mientras el indignado niño Matias se hacia oír en el murmullo al grito de:  - Me están embromando!

Para evitar rupturas terminales y aprovechando la distención provocada por el estallido de carcajadas por la antiquísima palabra utilizada por el señor Knoll, se firmó un empate que favoreció a todos los presentes.

El comité paso a la mesa de ping- pong, en donde el acusado de fraude en los dibujos vocifero a quien quisiera oírlo que tenía el record sudamericano de partidos ganados y que no había japonés ni chino que  igualara sus remates con efectos controlados, y “si alguien me gana apoyo el c*** en la nieve”.-
El verdugo y NO por primera vez, fue su novia Sonia, quien sin dejarse intimidar por ser el género débil,  hizo justicia en una contundente victoria pese a los pedidos de ojo de halcón del humillado perdedor. Los registros del pago de la apuesta fueron censurados por horarios de protección al menor, pero hay copias guardadas en algunos bancos de las islas Caimán por si asoman dudas.
To be continued…

jueves, 30 de junio de 2011

what if...

Sabrá disculpar la impertinencia e insolencia de mi carta al hacerlo mi confidente en un tema que, si bien usted desconoce, nos compete a ambos.
Al principio todo era normal, escuchar su voz por teléfono ofreciéndome soluciones tecnológicas es moneda corriente en estos años de auge comercial industrial.
Pero el asunto se salió de control.
Empecé a darme cuenta de que el miércoles era el día que esperaba con más ansias. Estaba atenta al teléfono y me transpiraban las manos. Me miraba en el espejo y me veía más linda, más seria, más sugerente. Trataba de poner voz de desinterés, y me ponía colorada cuando usted no dejaba desviar la conversación y se centraba en lo estrictamente laboral. Tan frio, tan distante, tan entero, tan fuerte.
“Hola Maria, ¿cómo le va? Habla Esteban”, pero yo no necesitaba que me diga nada. La noche en vela, las pulsaciones aceleradas, los sueños… “Bu..buenos días Esteban, ¿cómo anda?”
No podía evitar dibujar una sonrisa en mi cara. No podía evitar imaginarme sus ojos, su piel, nuestra piel.
Mi marido tiene sospechas. Se da cuenta de algo, y no puedo fingir más.
Esteban: quiero mirarlo a los ojos en este momento… mirarlo, y decirle... y  decirle que… ¡no puedo!  ¿Quién me creería?